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Aragami – Análisis

La oscuridad siempre ha dado miedo. Anula uno de nuestros sentidos más útiles, la vista, nos hace vulnerables ante cualquier peligro y se convierte de esta forma en hogar de toda clase de horribles visiones. Huimos de ella como si fuese una plaga, y usamos la luz, su contraparte, como una especie de guía, tanto en la ficción como en la realidad. Aragami, la nueva obra indie del estudio español Lince Works, nos propone un cambio de papeles. Desea que abracemos la oscuridad y la consideremos nuestra mejor aliada, como un oasis frente a una luz cegadora. Aragami pretende que seamos esas horribles visiones, y que nos divirtamos en el proceso.

Sombras y luces

Venganza. Ese será nuestro principal objetivo como Aragami, un espíritu vengativo invocado por una misteriosa mujer llamada Yamiko, a la que debemos rescatar de las garras de los Kaiho. El ejército enemigo usará la luz como principal arma, mientras que nosotros nos beneficiaremos de la oscuridad para evadir o asesinar a todos sus soldados. El Aragami dispondrá de una notable variedad de habilidades que no solo nos permitirá camuflarnos en aquellos parajes más sombríos o crear nuestras propias zonas oscuras, sino también desplazarnos entre sombras a velocidad de vértigo, elaborar clones y proyectiles de pura oscuridad u originar vórtices que absorban toda forma de vida cercana. El amplio elenco de técnicas que ofrece Aragami, desbloqueables mediante la exploración de sus mapeados y la búsqueda de unos extraños pergaminos, nos convierte en un piadoso maestro del sigilo, o en el asesino que teñirá de rojo la noche en la que se desarrolla su trama. De nuestro ingenio dependerá el cómo usar y combinar las habilidades, que dan lugar a una gran variedad estrategias y posibilidades.

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Estas elecciones se compaginan con la notable cantidad de rutas a las que podremos optar en cada uno de sus escenarios, de fuerte inspiración japonesa y en los que tanto la luz como la oscuridad juegan un papel fundamental. Cada objeto, cada obstáculo u elemento que nos encontremos proyecta su propia sombra, un refugio ante la odiosa luz de la que tanto intentaremos escapar. Dichas sombras logran ser coherentes respecto a la fuente de iluminación principal, mayormente la Luna, y a la vez abren al jugador la posibilidad de elegir entre varios caminos y cómo abordar cada uno de ellos. Las luces y las sombras de Aragami forman un conjunto casi perfecto, tanto en el apartado estético como en el jugable, desvelando un diseño de nivel mimado y pulido que nos permite explotar al máximo cada una de las técnicas asesinas que ofrece, y que de ninguna manera llega a hacer de su mundo algo artificial. La disposición de todos sus elementos, tanto enemigos como objetos, sombras y fuentes de luz, forman parte de un todo coherente donde el jugador, el Aragami, se mueve con elegancia sobrenatural.

Un auténtico homenaje al sigilo tenso

A un diseño de nivel que convierte la oscuridad en una parte natural del escenario y en mecánica al mismo tiempo, se le suma un control cómodo y cuidado; animaciones espectaculares en las que cada golpe se siente con fuerza rotunda y, en definitiva, un gran manejo del Aragami que se complementa a su vez con la creatividad del jugador. La obra de Lince Works nos deja sentirnos poderosos, siempre y cuando hagamos un correcto uso de nuestras técnicas y de la oscuridad inherente a cada zona. De esta forma, Aragami logra mantener un fino equilibrio entre poder y vulnerabilidad, haciendo del sigilo nuestra mejor arma y del combate directo un auténtico suicidio. Los Kaiho no son enemigos estúpidos; investigan la zona en la que parecen haber visto movimiento, y las sombras no nos harán totalmente invisibles (aquí el sigilo a 100 de Skyrim no funciona). Dependiendo de la distancia a la que nos encontremos de nuestras víctimas, de nuestra posición y del grado de luz en el que permanezcamos, los enemigos reaccionarán de una forma u otra, y mientras ellos mueren de un golpe, nosotros no seremos muy distintos. El sigilo en Aragami, junto con las habilidades del espíritu vengativo, nos hacen sentir tan ágiles como letales, pero una vez nos descubran y den la alarma seremos presa fácil. Así, a pesar de algún fallo puntual en la IA de los Kaiho, la tensión se mantiene de forma constante sin importar lo poderosos que lleguemos a ser, una verdadera maravilla para los amantes del sigilo tradicional.

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Por un lado, esta tensión creciente, el miedo a ser descubiertos, contribuye a la idea general de ver la oscuridad como una auténtica aliada. Por otro lado, nuestra Esencia de Sombra se gastará no solo al usar técnicas o habilidades, sino también al acercarnos una fuente de luz demasiado intensa. La única forma de recuperarla será, como no podía ser de otra manera, permanecer en la oscuridad. Todo gira en torno al uso de entornos oscuros en nuestro favor: desde el balance de poder y el uso de muchas de nuestras técnicas hasta la supervivencia más básica, junto a una estructuración del escenario que origina una gran variedad de situaciones especialmente creadas para desarrollar esta idea. Incluso los enfrentamientos con bosses finales, pese a repetir su estructura, refuerzan la necesidad de acudir a la oscuridad, apremiados por un enemigo aún más fuerte y que nos obliga tanto a ocultarnos como a pensar rápido.

Y es que, con un apartado jugable tan bien ejecutado y divertido, parece que la trama no va más allá de ser una simple excusa, un hilo conductor puesto de forma obligada para que la acción cobre sentido. La historia de Aragami no presenta una gran profundidad, sus giros se ven venir de lejos y tampoco ofrece unos personajes memorables. Pero ello no resta importancia a la calidad que Lince Works ha conseguido inyectar al conjunto de su obra, bañada de un cel shading  que enamora de principio a fin; una soberbia ambientación japonesa que compensa su apartado gráfico, ligera pero comprensiblemente desfasado; y una notable banda sonora de clara influencia japonesa, que sabe envolver y acompañar tanto la acción como la calma. Hasta la interfaz, que reniega de barras de vida o poder, y de iconos y símbolos pegoteados por toda la pantalla, resulta brillante en su ejecución, dispuesta de una forma intuitiva en la propia capa del protagonista.

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Conclusión:

Aragami logra mantener la naturalidad de sus escenarios mientras aprovecha el uso de las sombras como base de sus principales mecánicas. Forma así un todo coherente, tanto a nivel estético como jugable, donde un gran diseño de nivel se compagina con una apariencia cartoon de lo más atractiva. Un maravilloso homenaje al sigilo de más exigente.

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