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Cuándo no te apetece jugar a nada

Una vez, mi amigo Mitch [que recordaréis cómo el temerario Teniente Lamas] y yo quedamos a comer algo y a poner los cotilleos al día. Hacía bastante tiempo que no hablábamos, y cuándo me preguntó a que andaba jugando últimamente, mi respuesta fue bastante breve: “Sin más, poca cosa”.

Se le hizo raro e investigó un poco, pero resulta que no había ningún problema. No había tenido problemas en casa, ni en mi consola, y todo iba bastante bien. Simplemente, durante una temporada, perdí las ganas de jugar a cualquier videojuego. Y de eso me gustaría hablaros hoy: De cuándo no tienes ganas de cumplir con tu programación. 

Yo también.

Digo programación y no rutina, sí. Para muchos de nosotros, los videojuegos son un hobby bastante importante. Ya no somos los niños que juegan a uno o dos juegos de vez en cuando, ni tampoco somos de los que tienen el Angry Birds en el móvil y lo juegan cuándo están en la cola del supermercado. Tenemos máquinas dedicadas enteramente a jugar, tenemos muchos juegos [a veces demasiados] y estamos por dentro de las últimas notícias y novedades del mundillo. Invertimos tiempo, esfuerzo, y dinero.

Y entonces llega un momento en el que, tal cual lluviosa tarde de domingo de un frío noviembre, no te apetece hacer nada. Miras tu pila de juegos: Algunos sin estrenar. La mayoría muy buenos. Juegos divertidos tanto para jugar tú sólo, como para jugar online con tus amigos, y sin embargo, no te apetece. Si tienes otro hobby puede que aproveches para practicarlo un poco, pero lo más probable es que el mismo error 404 que te sale en los videojuegos te aparezca en las demás pantallas.

Yo estuve ahí, lector. Y te ayudaré a salir de ese agujero.

Dividamos el problema en dos fases, que así se facilitan las cosas y  de paso el artículo parece más grande.

Fase 1: Entendiendo el problema.

Obviamente, no es que tus videojuegos se hayan vuelto aburridos de un momento a otro. Esa sensación de “no sé a que jugar” es un síntoma de un problema mayor, y aquí hablamos de los videojuegos porque es el tema de la web, pero se puede aplicar a cualquier otro hobby. La cantidad de ilustradores que conozco que ha dicho la frase “quiero dibujar, pero no me apetece dibujar nada” es superior a 9000. Y no te molestes en darles ideas, que aunque sean oro puro, no las querrán.

Tampoco es culpa del clima, ni de que vaya a salir el FIFA17 y ya no quieras jugar al FIFA16. Y no, no es que tu consola sea peor que las demás.

Así que primeramente, reconoce que el problema está en ti, y no en tu entorno. Y una vez asumido este apartado, nos damos un respiro. Sigue con lo que estabas haciendo, es decir: No juegues a nada.

¿Te parece contradictorio que la solución sea no jugar? Te equivocas, como es habitual. Seguramente hayas alcanzado un punto de rutina en tus juegos. Juegas por costumbre, porque es parte intrínseca de tu día a día, no por diversión. Te has inmunizado a la diversión.

Para ponerte un ejemplo más práctico, disfruta mucho más el chocolate una persona que lo come una vez por semana, que alguien que como dos tabletas todos los días.

Así que adelante, no juegues. Olvídate de quests, grinding, farming, y demás actividades. Sí, son cosas que te hacen “mejorar” dentro del juego, pero le quitan parte de la diversión, y eso ahora no lo necesitas. Ahora necesitas divertirte.

Descansa de la mina, sí.

Fase 2: Solución. 

Antes de volver a jugar, tienes que descubrir exactamente qué es lo que te estaba molestando antes. Cuándo éramos niños y se iba acercando el final de agosto, estabas un poco harto de las vacaciones de verano y hasta teníamos ganas de empezar el curso. Luego te arrepentirías en dos semanas, pero bueno.

A nuestras versiones mini, lo que les molestaba era tanta libertad, tanta diversión. En tres meses de vacaciones tienes tiempo de sobra para todo, cuándo eres estudiante. Empezabas a echar de menos sentirte útil. Y hoy no es muy diferente: Si juegas demasiado y le estás perdiendo el cariño a los videojuegos, es porque has transformado una recompensa en una actividad. Has dejado de ser productivo, y aunque nadie te lo eche en cara, no lo apruebas.

Ya no te divierte, de la misma manera que no te divierte más ir a clase tras la segunda semana de septiembre.

Recuerda quién eres

Hay que romper esa indulgencia.

Dúchate. Haz algun deporte para hacer que la sangre se mueva un poco. Ordena tu habitación, cocina algo. Haz algo con tus propias manos. Estudia, o búscate un trabajo, si no lo tienes. Aprende algo nuevo.

Sé productivo, maldita sea.

Y entonces, solo te quedará un paso más para la gloria.

Fase 3: Reconciliación y estrategia.

Una vez cumplidos los pasos 1 y 2, ya deberías de tener un poco más de ganas de recompensarte. Como el que ha dejado de comer dos tabletas de chocolate cada día, empiezas a ver con otros ojos ciertos bombones. O juegos, para el caso.

Pero ahora no cometas el mismo error. Recuerda jugar con moderación y no pasarte de la raya otra vez, y sobretodo, usa la cabeza.

Jugar debe ser una experiencia divertida y personal, no una obligación diaria como fregar o ducharte. Observa como juegas.

¿Te gusta más jugar en grupo con tus amigos los viernes a la noche, todos sentados en el sofá y comiendo pizzas? ¿O eres más de jugar online, ya sea con amigos o desconocidos?

¿Prefieres el terror o los shooters? ¿Juegas con tu pareja mientras los dos disfrutáis de la historia, o prefieres jugar tú  sólo a las 23h con unos buenos cascos?

Juega a lo que te haga feliz.

Una vez que hayas identificado lo que te hace feliz, hazlo. Si los juegos de terror acaban contigo, no los juegues, por mucho que tus amigos lo pidan.

Si crees que en internet el personal es demasiado desagradable y prefieres estar rodeado de amigos, nadie te obliga a lo primero.

Los videojuegos son un medio increíble de contar historias maravillosas. Si te gusta, no dejes que nadie te lo arruine.

Article by KaiserGreg

Autor, podcaster y colaborador de "PowerUps". Piloto de mechas y chica mágica a tiempo parcial. Fan de los dinosaurios y coleccionador de cactus, me gustó la peli de Street Fighter con Van Damme y mi mayor miedo es que un pez se meta en mi boca mientras nado.
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