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Violencia en los videojuegos ¿Irresponsabilidad?

Cuando la realidad se confunde con la ficción

Saludos de nuevo Power maníacos. Hace tiempo que llevo queriendo escribir este artículo. “La violencia en los videojuegos”. Concretamente más de diez años y ahora gracias a esta publicación puedo hacerlo. No solo es que pueda hacerlo realmente, es que me siento en el deber de hacerlo.

¿Los videojuegos son violentos? En una respuesta general. No. Entonces, ¿Los videojuegos no son violentos? En una respuesta también general. No.

Lo que debemos comprender al igual que debe comprender mucha gente es que los videojuegos, al igual que el resto de contenidos y publicaciones tienen un PEGI. No puedo continuar dando mi opinión sin primero haceros entender que es el PEGI y para que se usa.

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Como tutores siempre son y serán los máximos responsables del contenido que ven sus hijos.

Este PEGI tiene una función y es la clasificación por edades recomendadas de un videojuego. Pongamos un ejemplo rápido. GTAV ¿Qué PEGI tiene? ¿Por qué tiene ese PEGI? Lo más importante, ¿Qué es el PEGI?

El PEGI es: Pan European Game Information, este es el sistema europeo para clasificar el contenido de videojuegos y otro tipo de software de entretenimiento. Como dice este enlace a la web de PEGI. En la página podréis encontrar que es cada PEGI y que otras consideraciones hay que tener.

A partir de este dato, vemos que, GTAV tiene PEGI 18. ¿Por qué lo tiene? Porque el juego tiene los siguientes aspectos: Violencia explícita, escenas de sexo explicitas, uso de drogas ilegales, acoso o abuso con connotaciones étnicas, sociales o de género y un largo etcétera si esto no os ha parecido poco. Ahora partamos de la siguiente premisa. ¿Es GTAV un juego violento? Sí, claro que lo es.

Ahora empecemos realmente el artículo.

Una mente en formación como la de un niño. Desde la infancia hasta una pubertad bastante tardía no debería de acceder a contenidos de ese tipo. Los juegos son violentos, así como las películas son violentas. Los videojuegos son violentos, así como hay libros violentos.

Partiendo de estas comparaciones espero que os sea más difícil caer en el cliché de; Es culpa de los videojuegos, que son muy violentos. La culpa y, perdonadme por el tópico, es de los padres. Los padres no deberían dejar que sus hijos jugasen al GTAV. No deberían dejar que sus hijos jugasen a FarCry 5, que jugasen a Resident Evil y a muchos otros juegos que no son recomendables para según que edades.

Como tutores siempre son y serán los máximos responsables del contenido que ven sus hijos. Para que una mente en formación, tanto a nivel psicológico como formativo comprenda la ficción. Que un videojuego no es más que eso, una historia y una ficción y que los comportamientos que en ellos se refleja y aparece no es más que eso.

Se necesita bastante control y conocimiento a nivel paterno, tanto dentro del contenido que los menores ven en los videojuegos como el contenido que ven fuera. Os lo explicaré con otro ejemplo: Supongamos por un momento que tengo un hijo. Mi hijo puede haber jugado a videojuegos violentos. Con mi conocimiento o siendo yo ajeno a su ocio digital. Aquí os dejaré un enlace de otro artículo que puede interesaros. Luego presenciar en la calle en su día a día fuera de su ocio digital una situación parcialmente similar. Como ocurre con un abusón en el colegio, o un adulto en la calle fumando marihuana.

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Se necesita bastante control y conocimiento a nivel paterno, tanto dentro del contenido que los menores ven en los videojuegos como el contenido que ven fuera.

Mi hijo, si yo he hecho bien mi trabajo desde una temprana edad, sabrá diferenciar que comportamientos son correctos y cuáles no. Deberá identificar que comportamientos se deben quedar en la ficción y cuales puede llevarse al mundo real.

Partiendo del famoso ejemplo del “asesino de la katana” mi hijo, puede aprender de Final Fantasy VIII (El juego al que se estigmatizó en España) valores de compañerismo, apoyarse en los demás. También puede aprender el valor del deber, de la responsabilidad, de la amistad. Lo que tiene que identificar mi hijo, es que coger una katana, un cuchillo o un guante de moto y ponerse a golpear a todo aquel que “insulte su honor de guerrero del bushido” es un error, está mal. Esa parte de la ficción se debe quedar en la ficción.

El caso del asesino de la katana. Año 2000.

El día que consigamos que nuestros hijos, comprendan el valor útil de los videojuegos y dejemos de lado el estigmatizarlos y que son “meros marcianitos”. Ese día habremos hecho un gran trabajo como padres. No solo nos ganaremos el respeto de nuestros hijos. Si no que lograremos entenderlos, lograremos utilizar un contenido con fin lúdico con otro fin más importante, educativo y formativo. Véase por ejemplo el Modo Tour de Assassin’s Creed Origins. Poder ver Egipto con una visita guiada pudiendo aprender a través de un videojuego. Poder ver y apreciar la visualización de diferentes identidades de género. Tracer, Life is Strange. Podría seguir durante mucho rato, pero no quiero enumerar juegos.

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Debemos aprender a detectar comportamientos peligrosos, que puedan ser originados en los videojuegos que si son violentos.

Quiero que entendamos que los videojuegos no causan la violencia en las aulas. Los videojuegos no causan tiroteos en escuelas, como en todos esos casos ocurridos en Estados Unidos. Lo que causa la violencia es la mala comprensión que se hace de ellos. La ausencia de una figura paterna/materna fuerte que se involucre en lo que piensan sus hijos y en lo que sienten. En si tienen problemas en la escuela. En si tienen problemas en casa, con sus amigos, con sus primeros amores. Cuando nuestros hijos comienzan a refugiarse en mundos imaginarios, digitales o no. Es cuando debemos acercarnos a ellos a través de, en este caso su ocio, los videojuegos. Tratar de comprenderles. (La gran premisa de este artículo, la comprensión.)

Debemos aprender a detectar comportamientos peligrosos, que puedan ser originados en los videojuegos que si son violentos. Analizarlos, ver el comportamiento de nuestro hijo, sobrino, ahijado etcétera y después ver si el PEGI es adecuado. De ser adecuado a lo mejor debo reforzar yo mi control paterno sobre mi hijo, darle una mejor educación. Enseñarle lo que es ficción y lo que es real. En definitiva, hacer un trabajo más como figura paterna. Por hacer ahora mismo una pregunta para que cada uno se la responda a sí mismo. ¿Me he esforzado en compartir con mi hijo un videojuego?

Compartir videojuegos con nuestros hijos ayuda a analizar el comportamiento de los mismos.

Dependiendo de cuál haya sido vuestra respuesta, debéis plantearos si realmente estáis interesados en el ocio de los jóvenes. Ahora sin importar la respuesta, debéis valorar si realmente lo comprendéis y de comprenderlo si lo compartís. Porque es tan, importante una como otra, de esa manera no solo a lo mejor descubrís una nueva afición o hobby. Si no que también podréis utilizar esa plataforma, los videojuegos, para enseñar, para educar, para formar. Formar a las siguientes generaciones en valores positivos y reforzar conductas positivas.

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Pasemos por preguntarnos si realmente estamos haciendo bien el trabajo con nuestros hijos. Porque, no toda la culpa la tiene un videojuego.

Enseñando y sobre todo descodificando. Descodificando, por ejemplo; ¿Por qué Mario va a rescatar a Peach mientras pisa un montón de tortugas? Patear animales no está bien, pero, si rescatar a la princesa. ¿Por qué Link va a rescatar a Zelda y por su camino le da espadazos hasta a los arbustos?

Hay mil ejemplos tanto buenos como malos sobre videojuegos violentos. Así como tantos de videojuegos no violentos. Lo importante es que, como adultos, supervisores, hagamos examen de conciencia. Dejemos de echarle la culpa de la violencia adolescente a los videojuegos. Pasemos por preguntarnos si realmente estamos haciendo bien el trabajo con nuestros hijos. Porque, no toda la culpa la tiene un videojuego.

Me despido de vosotros y espero que os haya gustado e inspirado a ver el mundo de otra manera más completa.

Borja "Lovimank" Costas

Article by Borja "Lovimank" Costas

Nací con una Sega Master System II debajo del brazo. Corría al lado de Sonic y Tails, liberé a los dragones cristalizados con Spyro y recorrí desde Balamb hasta Esthar por salvar al amor de mi vida. Todo ello mientras me formaba como actor de doblaje y locutor, profesión que compagino con mi mayor hobby, escribir y jugar a videojuegos.