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Chained Echoes - Análisis

Chained Echoes – Análisis

En pleno Diciembre del año 2022, llegando ya a 2023, podíamos pensar que nada nos iba a sorprender. Pues de repente a un señor se le ocurrió pedir en Kickstarter financiación para un proyecto que tenía bastante gancho. Matthias Linda, desarrollador alemán que ha invertido 7 años de su tiempo para hacer esta maravilla de juego de rol retro, inspirado en juegos como Suikoden 2, Terranigma, Secret of Mana y, como confesaba en una entrevista, sobretodo de Xenogears, un clásico de Square. Empezó haciendo juegos de consumo propio en RPG Maker y acabó financiando más del doble del dinero requerido gracias al entusiasmo que despertó en la gente.

Chained Echoes es un JRPG retro en el estricto sentido de la palabra, ataques por turnos, habilidades de cada personaje haciendo crecer nuestro equipo de diferentes formas, pixel art de la época de las 16 bits, banda sonora y efectos espectaculares. Pero ahí está lo complicado, que raya la perfección en casi todas las categorías. Se nota que el desarrollador ha jugado a todos los juegos en los que se basa y el mimo y el tacto de cada escena, cada diálogo que nos mantiene en vilo esperando a ver que es lo siguiente que ocurre.

En el continente de Valandis tras muchos años en guerra, en un estado de paz artificial que es el perfecto caldo de cultivo para la traición, tres facciones diferentes se entrelazan en una historia de dragones, mechas y fantasía. La historia empieza con una suerte de tutorial, en el que tendremos que tener mil ojos porque luego no tenemos acceso a ningún recordatorio desde el menú del juego ni en el mapa y es un juego con tantas posibilidades que si nos perdemos algo que nos pueda ayudar a mejorar es posible que no avancemos lo suficiente. Al principio es fácil desengancharse porque nos tiene que explicar todo y son muchas cosas, pero la espera merece la pena y rápidamente entramos en la parte troncal de la historia, comenzando la aventura en sí.

A partir de ahí empieza una narrativa con una dirección que, si encima pones sobre la mesa que ha sido todo obra de una persona, solo te queda quitarte el sombrero. Planos muy detallados en momentos precisos, personajes muy ricos en personalidad e interés, presentados a través de cambios de jugador que nos ponen en situación y nos ubican en el mundo en el que se desarrolla la historia. Giros de guión, una duración bastante buena sin llegar a ser pesada, misiones secundarias… En Chained Echoes hay mucho por hacer.

En cuanto al apartado gráfico hay que decir que es toda una delicia, el uso del pixel y la suavidad del juego comparado con otros pixel retro es muy bueno. Porque una de las cosas que el juego arregla de un JRPG clásico es, y cambia de manera total el juego, la velocidad que tiene para todo. Todo fluye perfectamente, cada elemento mantiene su importancia en los casos que debe tener y en la exploración, nosotros imponemos el tempo a la hora de llegar a las localizaciones. Un acierto el balanceo velocidad/narrativa que nos lleva de la mano hasta el final.

La música y los efectos de sonido son dignos de grandes compositores como Nobuo Uematsu o Masuda, acompañando la aventura perfectamente en todo momento. Las melodías son muy variadas y acertadas y, como pasa con los gráficos y la narrativa, crea un equilibrio perfecto para seguir la trama. Sin duda una banda sonora inolvidable.

Para acompañar toda esta sensación de ser un juego redondo, elimina otra de las características que más controversia crea, y por la que mucha gente no se adentra más en este tipo de videojuegos. El grindeo machacón. No hay que pararse a subir nivel en ciertos sitios, todo es tan orgánico que creces junto con la historia y te evitas esos ratos en los que pierdes el hilo de la historia por subir nivel para no pasarlas canutas contra algún enemigo o zona.

Y claro, una cosa importante que no podemos obviar, porque perdería sentido de que la calidad de este videojuego es su jugabilidad. Combates por turnos en formato clásico con una característica que hace que ya esté juego no se pueda comparar a casi ningún otro, la barra de overdrive. Esta cambia totalmente el modo de juego y nos condiciona bastante. En otros juegos y que ya hemos visto 1000 veces, teníamos que estudiar a los enemigos y encontrar sus puntos débiles para poder explotarlos y ganar combate tras combate. Aquí la cosa es bastante diferente, tenemos una barra dividida en tres colores, amarillo, verde y rojo, teniendo que intentar mantener la barra en color verde para conseguir que nuestro equipo tenga más defensa y poder de ataque. Si la barra está en amarillo perderemos eficacia en ambos ámbitos y si la tenemos en rojo el descenso en nuestro rendimiento será considerable. Esta simple medida hará que los combates se vuelvan más interesantes, y que en ocasiones dudemos entre la eficacia por estar en verde en overdrive o atacar un punto flaco de nuestro contendiente. Además, a esto le añadimos los mechas, gran aporte al juego y de gran importancia en su desarrollo, los dragones y las variedad de habilidades y nos queda un juego para enmarcar.

El pero más importante que se le puede hacer al juego y espero y deseo que tenga solución en un futuro es su localización al español. Es un juego muy denso, con muchos matices, un guión maravilloso y unos personajes con muchas capas de personalidad, es un crimen que por no tener un nivel de inglés aceptable alguien pueda perderse una historia tan interesante.

Conclusión

En definitiva, Chained Echoes se ha convertido desde ya un clásico y la prueba definitiva de que si alguien ama un tipo de videojuegos y los desarrolla sin las prisas de las grandes compañías, y sin la necesidad de la rentabilidad, pueden jugarse auténticas obras maestras del género, aún habiendo pasado muchos años desde que estuvieran de moda. Todo tiene su sitio sin molestar a nadie, superando con creces a muchos en los que se inspira.

9

*De acuerdo con nuestra política, informamos a nuestros lectores que este título ha sido analizado gracias al envío de una copia de prensa por parte de PR Hound. Se jugó a la versión de PlayStation 5.