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Rad – Análisis PlayStation 4

Radioactivamente atractivo

Postapocalíptico, aleatoriedad, mutantes, radiación, son algunos de los ingredientes que los chicos de Double Fine y Bandai Namco han metido en la licuadora para crear este roguelike con ambiente ochentero: Rad.

La propuesta de RAD es muy atractiva: deberemos sanar la tierra de la radiación sufrida tras los apocalípsis y librarla de los mutantes. Para ello deberemos mutar también nuestro cuerpo con la radiación que sueltan los enemigos y así convertir nuestras piernas en patas de araña, en fuego nuestro brazo o simplemente que nos nazca una cola de serpiente. Toda ayuda será poca para combatir a nuestros enemigos.

Nada más entrar en el menú, nos damos cuenta del toque ochentero que impera en todo el título. Sus colores, la fuente, la música obviamente con sintetizadores dominando en todo momento, nos transporta a aquella época. Al comenzar el título nos cuentan la historia de Rad y su mundo, de como ha vivido los dos apocalipsis y de nuestro objetivo: sanar la tierra de toda radiación.

Un mundo lleno de radiación

La aventura de RAD comienza en el campamento, que es el punto de partida y lugar donde podremos ir entre «mundos» que es como llama el título a los niveles por los que tendremos que avanzar. En el campamento, podremos hacer varias cosas, a parte de tomarnos un alto en el camino. Se podrá guardar el dinero conseguido en los niveles, el cual se ve representado en forma de casete. Depende de cuanto dinero guardemos, subiremos nuestro estatus dentro de esa especie de «banco». Ese estatus nos otorgará ciertas ventajas, como por ejemplo poder retirar dinero en cualquier nivel (ya que podremos encontrarnos el banco explorando el mapa en ciertos niveles) o bien pagar con tarjeta si no tenemos el numero suficiente de casetes para comprar.

En el campamento también podemos cambiar el bate por cualquier otro arma similar que hayamos desbloqueado anteriormente. Estas armas son de daño físico e infligen una cantidad de daño dependiendo de cual utilices. Además, también dispondremos de una tienda donde comprar objetos muy útiles para empezar, como puede ser una poción que nos recuperará un corazón de vida o un disquete que nos servirá como llave para abrir ciertos cofres.

Un mundo post-postapocalíptico

Entramos por una puerta que parece interdimensional, un portal en forma triangular y de color rosa que nos teletransporta al mundo exterior, ya que el campamento parece estar aislado de todo.

Nada más aterrizar, con una atractiva cámara aérea, observamos coches abandonados, plantas quebradizas debido a la sequedad y un suelo muerto, sin vida. Esto, junto a colores apagados, hace que el objetivo de sanar el planeta cobre sentido. Una peculiaridad que me ha gustado bastante es que al empezar a caminar, ves como tus pasos crean vida allá donde pises. Pequeños cúmulos de hierba verde nace y brota. Esto nos sirve para saber por donde hemos explorado y para caminar un poco más rápido cuando pasamos por encima de esta hierba.

Bonito contraste de colores

Al explorar, podremos encontrarnos con pequeños árboles secos, muertos. Si pasamos por al lado, tocándolos, de nuevo volverán a la vida llenando todo su alrededor de colores vivos que contrastan a la perfección con los colores apagados de un mundo muerto. También ocurre esto cuando abrimos la puerta hacia el boss, salvo que en este caso la zona floreciente es mucho más extensa y colorida.

Ese será nuestro objetivo, abrir las puertas hacia el boss y así poder pasar al siguiente nivel, pero ¿cómo conseguimos tal tarea?. Para ello necesitaremos activar un numero variable de totems que repartidos por un mapa que se extiende a medida que pasamos de nivel. En ocasiones pueden estar al nivel del suelo, bajo tierra o en una elevación, nunca lo sabremos ya que cada partida de RAD es totalmente distinta.

Una vez activado, un rayo de luz saldrá de él y nos indicará hacia donde se encuentra la puerta del boss, aunque no la localización de los demás totens. Completado este objetivo, podremos enfrentarnos al ultimo desafío del nivel, si es que los mutantes que plagan el mapa no nos han matado antes.

Combatir radiación con radiación

En un mundo desolado por la radiación, donde los mutantes proliferan la tierra, no solo necesitaremos un bate de béisbol para acabar con ellos. Ahí es donde entra la radiación, las mutaciones en nuestro cuerpo y uno de los mayores atractivos de Rad.

Justo arriba de la pantalla tendremos una barra de mutación que llega desde un lado a otro de la misma. Para llenarla, simplemente tendremos que machacar mutantes. Estos al morir sueltan radiación que podremos absorber con nuestro cuerpo. Cuando completamos la barra, sufriremos una mutación, y aquí viene lo interesante.

Aleatoriamente una parte de nuestro cuerpo mutará. Puede ser la cabeza, un brazo, una pierna o ambas. Y en RAD, tendremos unas pocas mutaciones al principio, pero hay una tonelada de ellas para desbloquear.

Una mutación puede hacer que cambiemos totalmente nuestro estilo de juego y dejar de ser tan agresivo, para jugar un poco más defensivo o al contrario. Si antes con el bate teníamos que acercarnos a los enemigos para golpearlos e infringir daño, ahora con un brazo en llamas que lanza bolas de fuego, por ejemplo, podremos atacar a distancia y evitar situaciones peligrosas.

Hay dos tipos de mutaciones: mutaciones exteriores e interiores. Las exteriores son las que cambian una parte de tu cuerpo y te añade algún tipo de ataque directo hacia los enemigos. Las interiores son las mutaciones que te agregan invulnerabilidad al fuego o ácido, que tus proyectiles lleguen más lejos, que las pociones curen más. Lo que siempre hemos conocido como «pasivas».

Una tonelada de mutaciones por descubrir

Normalmente las mutaciones las podemos conseguir llenando la barra que encontramos arriba de la pantalla, pero también podemos conseguirlas de otras formas. Por ejemplo, en el mapa hay unas puertas subterráneas que nos llevan al subsuelo, donde encontramos un enrevesado sistema de túneles repleto de mutantes. Pero también podremos encontrar unas estatuas en forma de cara que si nos acercamos a ellas nos darán una mutación interna. En raras ocasiones podremos encontrar estas caras con algún daño en su estructura, estas tienen una probabilidad de darte una mutación negativa. Como por ejemplo, menos distancia para tus proyectiles, no poder consumir pociones o carne, y muchas más. Así que tendremos que decidir si nos merece la pena arriesgarnos o no.

Quizás uno de los puntos flojos de RAD es la variedad de enemigos. Solo tenemos unos pocos enemigos que atacan con proyectiles o físicamente. Algunos enemigos salen de un charco de ácido, otros de la propia tierra y otros tipo cangrejo, usan los bidones como camuflaje. La manera de afrontar cada enemigo puede variar, ya que hay que tener en cuenta que algunos explotan si nos acercamos a ellos o dejan un charco de ácido. A otros ni siquiera podemos atacarles de frente porque tienen pinchos en la parte frontal que nos harán daño si nos acercamos. Aún así, en los primeros niveles no se siente una variedad de enemigos atractiva. Aunque se soluciona un poco en los niveles más avanzados, donde podremos encontrar torretas, mutantes más poderosos y rápidos e incluso una especie de elefante que agrega un escudo a los demás mutantes, de manera que primero deberemos acabar con él.

Curva de dificultad bien definida

Aunque considere que un punto flojo, que no malo, es la poca diversidad de enemigos, he de admitir que me ha gustado bastante la curva de dificultad que nos muestra RAD. Al principio, los enemigos casi mueren de tres simples golpes con el bate, y menos mal que es así ya que en ese punto no tendremos ninguna mutación. Incluso podremos encontrar unos mutantes pequeños escondidos en la arena que incluso mueren de un solo golpe.

Pero el asunto se pone mucho más interesante cuando vamos pasando niveles. Los mutantes son más grandes y ahora no mueren de tres golpes aproximadamente. Ahora disponen de una barra de salud que se muestra justo arriba de sus cabezas y además, algunos incluso cambian su ataque. Por ejemplo, hay un mutante que lanza una bola de fuego en cuanto nos tiene a tiro, pero en niveles superiores lanza tres bolas de fuego en abanico, abarcando un mayor rango. Al igual del mutante con pinchos del que hablé antes. Su ataque se basa en embestirnos, sin más. Pero posteriormente deja un charco de ácido detrás suya, de manera que ahora no podemos colocarnos detrás para atacar, si no que tendremos que ser más precisos y atacar desde un lado.

Acción radioactiva

A medida que avanzamos de niveles, como ya he mencionado, podremos encontrar nuevos mutantes que nos alejarán de nuestro objetivo. La aparición de estos mutantes sube bastante la dificultad del título. Hay un enemigo que nos bombardea con mini bombas desde bastante distancia y tendremos que lidiar con ellas mientras nos damos de hostias con los demás enemigos. Por ello, algunos crean situaciones complicadas. Añadir un enemigo que golpea a melee junto con otro, que ataca a distancia, siempre es complicado. Además, estamos contando con mutantes con características especiales, como lanzar fuego o dejar un charco de ácido a su paso.

Aunque los jefes finales tienen el mismo punto débil que los demás mutantes de sufrir una variedad escasa, hacen muy bien de broche final para el nivel. Están dotados de ataques totalmente distintos a lo que nos hemos ido encontrando. Algunos tienen la capacidad de quemar la hierba que hacemos crecer, creando así una zona muy extensa de fuego o hacer que aparezcan más mutantes que nos atacarán sin descanso. Podéis ver un ejemplo en el gameplay que aparece en el análisis.

Estos jefes finales son complicados, pero nada como el que da el broche final no a los niveles, si no a la partida en si. El ultimo mutante es endiabladamente complicado. Los demás, con alguna que otra mutación y destreza los podemos vencer. Este, sin embargo, a menos que lleguemos con unas buenas mutaciones que nos den algo de ventaja, no conseguiremos vencerlo.

Controles y jugabilidad simples pero eficaces

La jugabilidad de RAD es simple pero cumple bien su función. Con cuadrado atacaremos con nuestro bate y si lo dejamos pulsado podremos lanzar un ataque cargado con el que realizaremos un daño en área. Podemos saltar para llegar a sitios elevados y rodar para evitar los ataques enemigos. Las mutaciones se irán añadiendo a los botones L2, R2 y R1. Botones que podremos cambiar de orden desplazándolos con la cruceta del mando.

La rápida respuesta de nuestro protagonista a los controles, hace que el juego adquiera una velocidad atractiva a la hora de enfrentarte a los mutantes. Al mismo tiempo, tendremos que tener buenos reflejos para librarnos de alguna que otra situación peliaguda.

Impresiones

El sabor de boca que me llevo con RAD es bastante bueno. El efecto visual ochentero acompañado siempre de una música como no, compuesta por sintetizadores, hacen la experiencia mucho más divertida. La cantidad de mutaciones hace que quiera seguir jugando para desbloquearlas todas y observar como cambia la partida con cada una. Sin duda es un título al que le voy a seguir echando horas.

Nota: 7/10

*De acuerdo con nuestra política, informamos a nuestros lectores que este producto ha sido analizado gracias al envío de una unidad para review por parte de Bandai Namco.

Agrava

Agrava

Redactor de Powerups. Nací con un joystick bajo el brazo. Me encanta escribir, jugar y leer. Contacto: Agrava@powerups.es

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