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Sonic Frontiers

Sonic Frontiers – Análisis PS4

Corriendo más allá de las fronteras.

Sonic Frontiers propone un nuevo camino para el erizo azul y, pese a no acertar en todo lo que propone, consigue lo más importante de todo: devolvernos la ilusión por la mascota de Sega.

La mascota de Sega lleva a sus espaldas una gran cantidad de años y de juegos. Algunos fantásticos, otros regulares, y otros son aberraciones salidas del último círculo del infierno. Por suerte o por desgracia este texto os lo escribe un jugador que se los ha jugado casi todos. Desde que tengo uso de razón he corrido de la mano del erizo azul a lo largo de todas sus aventuras. Acompañándolo en sus cambios en la fórmula y en su salto a las 3D, he conocido sus errores, sus aciertos, sus mayores tropiezos y sus mejores éxitos. El problema es que la última vez que disfruté jugando un Sonic en 3D fue con Sonic Generations y este se publicó allá por el 2011. Tras coronar la montaña con esta joya fueron lanzándose una ristra de desastrosas entregas que no hacían más que hundir la reputación de la franquicia y asociar su nombre al fracaso (con la excepción de algunos spin offs, un remaster y Sonic Mania).

El último de estos tristes baches en la serie principal en 3D fue Sonic Forces, título que se lanzó al mercado en 2017 y que intentó replicar el éxito de Generations de la peor forma posible. Unos 5 años después nos llega Sonic Frontiers, un juego con nuevas fórmulas con el que el Sonic Team quiere romper con todo lo visto hasta la fecha y crear otro camino distinto para que el bueno de Sonic vuelva a brillar con fuerza. ¿Lo consigue? Las respuestas en el siguiente análisis.

Un Sonic muy distinto

A bordo del mítico avión de Tails, Sonic, Tails y Amy se dirigían a Starfall Islands para buscar las chaos emeralds hasta que un enorme portal aparece en el cielo y succiona al grupo. Tras esto, el juego nos pone de inmediato y sin explicaciones a jugar un nivel convencional de Sonic ambientado en Green Hill. Una vez completada la fase, Sonic saldrá de un portal, aparecerá en una isla extraña y una voz misteriosa nos pondrá en situación rápidamente. Los amigos de Sonic están atrapados en el ciberespacio, una especie de mundo digital paralelo al nuestro. Para liberarlos, la voz nos dice que debemos encontrar a unos poderosos enemigos llamados titanes y acabar con ellos.

Sin tener mucha idea de nada, pero con un objetivo en mente, Sonic se dispone a ejecutar la tarea. De aquí en adelante aprenderemos en cuestión de minutos la estructura del juego. El objetivo principal será completar en orden las cinco islas que componen Starfall Islands derrotando al titán que habita en cada una de ellas (salvo en una en concreto). Para luchar contra estos titanes, Sonic necesitará transformarse en Super Sonic, algo que solo es posible con la ayuda de las 7 chaos emeralds. Las chaos emeralds estarán repartidas por la isla y la principal forma de conseguirlas es a través de unas llaves conocidas como llaves de célula, aunque también conseguiremos algunas en misiones de la historia. Las llaves de célula se pueden recolectar completando niveles del ciberespacio, unos niveles de corta duración que se acercan un poco más a la fórmula clásica de los Sonic 3D. Pero para acceder a los portales que dan acceso a los niveles del ciberespacio necesitaremos piezas de portales, las cuales se pueden encontrar derrotando a los distintos mini jefes que vagan por las islas. Estas son las piezas fundamentales que conforman Sonic Frontiers sobre el papel. Ahora desgranaremos poco a poco cada una de ellas.

Para empezar, Frontiers propone una especie de mundo abierto con el que por fin podremos correr con libertad con el bueno de Sonic sin preocuparnos de chocarnos con todo lo que se nos ponga por delante. Cada isla es enorme y están hasta los topes de loopings, rampas, plataformas y demás cosas que nunca faltan en un Sonic. Estos elementos dan lugar a un montón de pequeños circuitos desperdigados por el mapa con los que no parar de moverse y que convierten la experiencia de correr y explorar la isla en algo super divertido y satisfactorio. En este sentido, cabe destacar que el nuevo control de Sonic jamás ha ofrecido tanta libertad de movimiento, algo que se agradece y mucho. El caso es que conviene pasar por todas las pequeñas secciones no solo porque son una forma divertida de desplazarnos, también porque al final de cada una obtendremos algún objeto útil para la aventura. Uno de esos objetos que más encontraremos y que necesitaremos para avanzar serán los fragmentos de recuerdos de los amigos de Sonic. Para sacar a Tails, Amy y Knuckles del ciberespacio tocará reunir los fragmentos que les corresponda a cada personaje y dárselos a sus hologramas. Por ejemplo, en la primera isla habrá que reunir un número concreto de recuerdos en forma de corazones, llevárselos a Amy y con esto activar una pequeña misión que nos recompense con una chaos emerald. Además, a través de estos encargos iremos viendo cinemáticas que ahondan en la relación de Sonic con los distintos personajes. 

No me detendré demasiado a hablar sobre la historia, pero hay que destacar que es probablemente una de las tramas más serias e interesantes en un juego de Sonic. Por su tono oscuro y relevancia recuerda mucho a Sonic Adventure 2. Quiero decir, está bien, no es nada exagerado, pero se agradecen los esfuerzos en cosas como desarrollar a los personajes y darles un poco más de personalidad con respecto a otros títulos en los que eran mucho más planos que aquí. Incluso la historia de fondo acerca de la civilización perdida que vivía en las islas es interesante y deja con intriga con cada fragmento de información que vamos encontrando. En términos generales, el argumento no es ninguna maravilla que te vaya a volar la cabeza, pero se agradece la intención de evolucionar un poco más las relaciones entre los personajes y establecer constantes referencias y conexiones con los sucesos del resto de juegos de la saga. Está claro que se ha puesto atención en este apartado.  

Pero volviendo a lo de corretear por las islas, otra de las cosas que podemos hacer mientras vaguemos por ahí aparte de muchos loopings es completar los minidesafios claramente basados en los templos de Breath of the Wild. Son muchos, poco inspirados y muy facilones. Básicamente, nos pedirán cosas como carreras contrarreloj, puzles de casillas, atrapar un fuego fatuo… Son tareas que se resuelven en un minuto como mucho, pero nos soltaran semillas para subir de nivel nuestra fuerza y defensa, además de revelar fragmentos del mapa de la isla y, en algunas ocasiones, desbloquear railes con los que movernos aún más rápido por la isla. 

Usando las piernas y los puños

Hablando de ataque y defensa, es momento de comentar el sistema de combate de Sonic Frontiers. Si hasta ahora lo único que podíamos hacer para luchar era el homing attack, en Frontiers se añade todo un árbol de habilidades con movimientos como un parry, patadas, puñetazos u ondas de energía a distancia. Estos movimientos los iremos desbloqueando con puntos de experiencia que recibiremos sobre todo al derrotar enemigos por el mapa. Los ataques se usan con apenas un par de botones y sirven para hacer combos intercalando entre las distintas habilidades cuando golpeemos. No es Bayonetta, pero sí que es efectivo y muy vistoso cuando te sale un buen combo de torbellinos y tortas a toda velocidad. Mención especial merece el sorprendentemente divertido cibergiro, con el que manteniendo pulsado un botón dejaremos una estela tras de Sonic con la que rodear a los enemigos para atacarles. Por cierto, los puntos de experiencia se dan en grandes cantidades, por lo que en apenas la tercera isla es probable que ya tengas todo el árbol al completo

Estas nuevas habilidades serán puestas a prueba en los combates contra los mini jefes o subjefes, como quieras llamarlos. Hay muchos y muy variados. Para vencer a cada uno habrá que llevar a cabo una estrategia concreta con el fin de dejarles vulnerables y en ese momento darles con nuestro mejor combo para hacer el mayor daño posible. Hay algunos más interesantes y creativos que otros, pero he de decir que me han gustado bastante todas las peleas. Cada enemigo tiene su mecánica y resulta un soplo de aire fresco ponerse a dar tollinas con el erizo azul. De hecho, me he quedado con ganas de combatir aún más, pues los bosses molan, pero son limitados y los enemigos que aparecen de vez en cuando por la isla mueren de un combo. Un poco más de pulido en este sentido le hubiese venido de maravilla al juego  

En cuanto los jefes hayan caído ante nuestras habilidades supersónicas, podremos recoger la pieza de portal y meternos de lleno en los niveles del ciberespacio. Como comentaba antes, estos niveles duran apenas un minuto y son algo así como remakes de niveles de juegos anteriores, por lo que si habéis jugado otros títulos del erizo tendréis el típico «aaah, de esto me acuerdo». Cada nivel tendrá objetivos como acabar con un número de rings, conseguir todas las estrellas rojas o acabar en un tiempo récord. Si cumplimos con los objetivos iremos consiguiendo una llave de célula por cada uno de ellos. La corta duración de estas secciones podría parecer un punto negativo, pero el tener que cumplir los objetivos dota estas fases de una rejugabilidad adictiva que se ve favorecida por un buen diseño de niveles y, por supuesto, unos fantásticos tracks tecno de fondo. Lo que si le pediría es una mayor variedad de ambientaciones, pues pese a que las disponibles están geniales, se resumen en Green Hill, Chemical Plant, Sky Sanctuary y poco más.

Con las llaves recogidas y las 7 chaos emeralds en nuestro poder será el momento de enfrentarnos al titán de la isla convertidos en súper Sonic, aunque para ello deberemos escalar antes al titán en una secuencia que recuerda muchísimo a Shadow of the Colossus. Sobre estos combates debo decir que son lo más espectacular del juego, las canciones son pura adrenalina, los golpes se sienten contundentes y hacerle parry a un robot gigantesco es algo que no veía desde Metal Gear Rising. Las peleas en sí no son demasiado complicadas, pero suponen un reto lo suficientemente atractivo y disfrutón como para dejarnos con ganas de más enfrentamientos. No voy a mentir, ver a Sonic lanzando un robot del tamaño de un rascacielos contra una montaña al ritmo de nu metal es de mis momentos favoritos en la saga. Sin duda, los mejores combates contra bosses que se han visto en la franquicia. Eso sí, el tramo final es tan desconcertante como decepcionante. No entraré en spoilers, pero el jefe final tiene 2 fases y la segunda no te la ves venir ni de lejos (Eso sí, lo recalco otra vez, la música te pone los pelos de punta). Se nota que ha faltado tiempo de desarrollo por lo apresurado y simple de la recta final del juego. También se hace notar en la penúltima isla que se ve de lejos que le falta mucho contenido por añadir, es más, hasta la ambientación de las dos últimas está reciclada de la primera.

Acelerando al ritmo de la música

Como era de esperar y por muchos defectos que pueda haber, si hay algo que no falla nunca en un juego de Sonic es la banda sonora. Por supuesto, Sonic Frontiers no es la excepción. Como decía antes, la música en los enfrentamientos contra los titanes es la mejor. Son unos temas vocales increíbles que te hacen desear que el boss te aguante un par de combos más porque ahí viene el estribillo de nuevo y le estás subiendo el volumen a la tele por quinta vez. Evidentemente, no todo es hard rock y heavy metal en Sonic Frontiers, también habrá composiciones mucho más relajadas, melancólicas y hasta alguna con un aire ominoso y épico como la que precede al combate contra los titanes mientras los escalamos. Las más tranquilas las escucharemos en un mundo abierto que si ya de por sí pega poco su aspecto realista con un Sonic, con sonidos de piano tristes de fondo, pues se hace bastante raro correr a la velocidad de la luz por el campo, para que mentir. Ojo, que la calidad es indiscutible, pero es que no casa demasiado con la experiencia, como mínimo se hace extraño, especialmente al principio. En cuanto a los niveles del ciberespacio esperad unos buenos turbo remix electro tecno para pasarlo en grande dando piruetas por Green Hill por octava vez consecutiva.

Muchísimas ideas, no tantos aciertos

Sonic Frontiers pone la sobre mesa un título completamente rompedor que viene de la mano con una enorme pila de ideas nuevas, algunas aciertan de lleno, pero otras solo a medias. Empezando por los aspectos negativos comenzaré diciendo que el mundo abierto es un concepto muy bueno para desarrollar un Sonic, pero la ambientación realista no le sienta bien, ni tampoco esos mini desafíos insulsos que parecen estar por rellenar. Y si a esto le sumamos que los raíles y demás objetos del entorno aparecen con un popping muy acusado mientras exploramos la isla, pues resta puntos al conjunto.

Y es que en lo técnico flojea mucho más de lo que esperaba. A nivel gráfico va un tanto justo, pero si hablamos de los modelos de personajes y animaciones presentan un acabado que está peligrosamente cerca de lo visto en PS3. Entiendo que no se puede cambiar mucho más a los personajes, pero apenas se nota el salto gráfico de los juegos anteriores a este. Por otro lado, no me he topado con ningún bug molesto ni tampoco he notado ninguna caída de fps a lo largo de la aventura, en ese aspecto podéis respirar tranquilos.

Lo que no va tan fino es la progresión. Mediante objetos se pueden subir de nivel los distintos atributos de Sonic, pero el problema es que puedes subir de nivel excesivamente rápido porque los objetos abundan por todas partes. Ya sea haciendo el cibergiro o matando enemigos, casi siempre vamos a recibir mejoras a mansalva y de forma inmediata. No es algo necesariamente malo, pero es relativamente sencillo ser demasiado poderoso y si quieres una experiencia un poco más desafiante tendrás que contenerte a la hora de aumentar características como la fuerza de Sonic o de lo contrario es posible que te cargues cualquier enemigo con medio combo (incluso en modo difícil). Además, solo con echar un rato en el minijuego de pesca podemos hacernos con montones y montones de mejoras al momento sin tener que esforzarnos lo más mínimo. La sensación constante es que Frontiers es demasiado generoso y pone las cosas demasiado fáciles para lo asequible que es.

Y sin embargo…

Es innegable que el juego tiene sus fallos y no va a ser el juego del año. Mientras jugaba no podía dejar de fijarme en todas esas cositas que no terminaban de cuajar. Y sin embargo… me lo he pasado francamente bien jugando. Las sesiones de juego se me han pasado volando. No me quedaba tan embobado jugando a un Sonic desde hace muchos años. Para un fan de la franquicia es una experiencia novedosa que transmite las mismas sensaciones que aquellos maravillosos títulos de Dreamcast que se atrevieron a mostrar un Sonic en 3D que parecía casi magia y que experimentaba de mil formas distintas. Y aquellos tampoco fueron perfectos, pero si aún son recordados con tanto cariño es por algo. Es una obra que porta el espíritu de Adventure, pero que está marcando su propio camino. Y digo marcando porque lo visto aquí se siente como un prototipo de una nueva era de juegos, más que como un producto sólido, definitivo y cerrado. Por suerte, es un buen prototipo y si se pule lo suficiente y se aprende de los errores volveremos a estar ante lo mejor de Sonic en mucho tiempo.

Qué más puedo decir. Sonic Frontiers es una joya sin pulir para los más fans del erizo y puede que una puerta de entrada muy interesante para los que dejen de lado los prejuicios y quieran ver un bicho azul romper la barrera del sonido mientras revienta colosos mecánicos. Este año he probado muchos juegos y os digo, de la forma más subjetiva y sesgada posible, que pocas cosas me han entusiasmado tanto como probar este amasijo de errores y aciertos con unas ansías palpables de resucitar algo que estaba muerto y devolverle la vida a cualquier coste. La mascota de Sega sigue avanzando hacia nuevos horizontes y está empezando a brillar de nuevo. Esperemos que la próxima vez que nos veamos sea deslumbrante.

Conclusión

Sonic Frontiers intenta cientos de cosas que no siempre funcionan o lo hacen a medias. Tiene muchos errores de diseño, pero también varios aciertos. Al final, lo más importante es que el resultado de este ambicioso experimento sigue siendo realmente divertido pese a sus marcadas aristas.

Estamos ante el mejor juego de Sonic en mucho tiempo, pues el erizo azul nunca ha tenido tan buen aspecto. Por primera vez en años hay ganas e ilusión por ver qué locuras habrá en el horizonte de esta saga y que aventuras nos esperan más allá de estas fronteras.

8

*De acuerdo con nuestra política, informamos a nuestros lectores que este título ha sido analizado gracias al envío de una copia de prensa por parte de PLAION.